Hay un invierno oculto en esos días de julio en los que no me queda sino tu ausencia. En los que las despedidas aún golpean mis oídos, y los abrazos siguen tibios en la ropa.
Mi mano queda en un costado, dormida e inerte, esperando a que tus dedos regresen a darle una razón de ser.
Te extraño en la garganta, te necesito en la piel.
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