jueves, 3 de enero de 2013

Sin título

Parecía haber dejado de llover, pero no eran más que apariencias. Por dentro, la tempestad se hacía aún mayor. Los charcos sobre las baldosas se agitaban bajo mis zapatos, devolviéndome un reflejo turbio y distorsionado del cielo, de los edificios y de mi propio rostro. De unos ojos que hace tiempo que no brillan.
Esa tarde de luz clara me devolvió un atisbo de un tiempo pasado en el que aún sonreía. El destino te trajo hasta mi acera. Sin embargo, no fue suficiente para que te atrevieras a mirarme.
Puede que esta vez no fuéramos nosotros, sino sólo tú y yo, quienes nos cruzamos en la calle. Tú fijaste la vista al frente, yo la aparté hacia otro lado. Nosotros pasamos de largo, el nosotros se largó.

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