Demente y apurado, ardiente, a veces
sincero, a veces mentiroso, voraz, salvaje, adictivo, incontenible,
hiriente y congelado, pasional, imperativo, desmesurado; imposible.
Quien no haya tenido un amor así, lo deseará. Quien, por el contrario, lo haya vivido, tal vez se arrepienta. Pero, a pesar del dolor que pueda causarnos, ¿acaso podríamos llamarlo amor sin notar su sabor agridulce en el borde de la lengua?
La
desesperación por tener a esa persona a tu lado, por rozar su piel y
devorar sus labios, besar su frente y sus mejillas, abrazarlo hasta
notar su latido en la garganta. La necesidad que te consume, que te desespera, que te lleva al borde de la locura, al borde del abismo al que gritas, derramando el alma sobre su nombre, derramando lágrimas para que las atrape entre los dedos.
La vida es demasiado breve para malgastar el tiempo lamentándonos. Vale más dejarse llevar.
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