Después de todas
aquellas noches a oscuras en mi cuarto, preguntándome si volvería a
querer salir, a estar con alguien que no fuera yo misma. Tras
acostarme de madrugada y hacer memoria de los días que, vacíos, se
iban sucediendo con un deje de monotonía. Habiendo agotado toda
posibilidad de ilusionarme, me sentí caer de nuevo. Quise cerrar los
ojos, parar de pensar y dejar que el tiempo jugueteara conmigo.
Al
antojo de las olas, el subconsciente levanta mareas que borran las
huellas de su orilla. La arena mojada es dócil, pronto se adapta a
otros pies que la recorran, pero ante el vacío de la playa son las
piedras quienes toman el control, advirtiendo a los incautos
visitantes de que no todo el mundo es bien recibido. La costa
cambiante espera al valiente que ose caminar con pies descalzos.
Quién sabe si al fin he encontrado lo
que nunca supe que buscaba.
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