He recuperado mis viejas canicas. Ahora mismo jugueteo con ellas. Me gusta el tacto que tienen, liso, sin imperfección alguna. Sus colores, su brillo, incluso el ruidito que hacen cuando las frotas entre sí. Mis favoritas siempre han sido las que llevan dentro una espiral tricolor. Podía pasarme un minuto entero mirándolas, haciéndolas girar entre mis dedos, como si la espiral fuera a cambiar de forma de repente. Y si las pones a rodar, la espiral se pierde en un torbellino de azul, amarillo y blanco.
Espero no dejar nunca de ilusionarme por una canica.
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